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18 de Julio. Comunidades que cuidan, acogen y proyectan la misión

  • 19 jul
  • 3 min de lectura

Actualizado: 23 jul

En el séptimo día del XXVI Capítulo General, la reflexión se centró en la vida de las comunidades.


A través del trabajo personal, los grupos y la Asamblea Capitular, las hermanas discernieron los llamados que el Espíritu suscita hoy.


La jornada invitó a soñar fraternidades como casas grandes y mesas inclusivas, donde se viva el cuidado mutuo.


Comunidades vivas, abiertas y disponibles para la misión, allí donde la vida clama.


Primera jornada del XXVI Capítulo General: memoria, comunión y esperanza

Hoy ha comenzado en Los Molinos un camino que nos reúne y nos compromete como Familia Janeriana.

La jornada se inició con la Eucaristía de apertura, un momento de oración en el que pusimos este tiempo de escucha, discernimiento y misión en manos de Dios.

A continuación, la Madre Laura y el Consejo General compartieron las palabras de inicio, recogiendo con gratitud el camino vivido durante estos años e invitándonos a seguir construyendo una fraternidad abierta, sin fronteras, cercana a quienes más necesitan cuidado, hospitalidad y esperanza.

Sus palabras nos ayudaron a reconocernos como una verdadera familia carismática: religiosas y laicos, unidos en la diversidad, compartiendo el carisma de Ana María Janer y caminando como un solo corazón para la misión.

También nos animaron a elegir el camino de quienes edifican juntos: no desde la uniformidad, sino desde la comunión; no desde el control, sino desde la entrega; no desde el mantenimiento, sino desde el movimiento hacia la misión.

En este primer día, toda la Familia participó en la dinámica “Un solo corazón para la misión”, haciendo visible que este Capítulo no se vive solo dentro de una sala. Nos incluye a todos: a quienes están presentes, a quienes acompañan desde lejos, a cada comunidad y a cada persona con la que compartimos la vida y el servicio.

Por la tarde, religiosas y laicos vivimos un espacio de análisis contemplativo de la realidad, reconociendo con humildad y esperanza el paso de Dios por la vida de toda la Familia Janeriana.

A través de videos, testimonios y la presentación de la Memoria institucional 2022–2026, volvimos a mirar el camino recorrido, la entrega de tantas personas, la vitalidad de la misión y los frutos que han ido creciendo en nuestras comunidades y regiones.

Este momento fue transmitido en vivo, permitiendo que la Familia Janeriana, desde distintos lugares, pudiera contemplar lo vivido, dejarlo pasar por el corazón y compartir aportes, comentarios y resonancias.

Así, lo cercano y lo lejano se unieron en una misma comunión agradecida. Cada palabra compartida, cada recuerdo y cada emoción nos hicieron sentir que este Capítulo lo vivimos todos, como una sola familia.

También se presentó la memoria escrita, se delegó su revisión a una comisión y se recogieron las primeras aportaciones y sugerencias para continuar el discernimiento.

Ha sido una jornada para recordar, agradecer y reconocer que nada de lo vivido ha sido en vano. El Espíritu ha ido guiando nuestros pasos, sosteniendo los momentos difíciles y abriendo caminos nuevos.

Terminamos el día alrededor de la mesa y en la oración, con la sencillez de una familia que se sabe acompañada, bendecida y enviada.

Gracias por cada historia, cada rostro y cada gesto que forman parte de este camino.

📲 Sigue la vida del XXVI Capítulo General y acompáñanos en cada paso.
En escucha del Espíritu

Cuarto día del XXVI Capítulo General


El sábado 18 de julio, en Los Molinos, transitamos el séptimo día del XXVI Capítulo General, una jornada intensa y profunda dedicada a reflexionar sobre la vida de las comunidades.

Fue un día para mirar con hondura nuestras fraternidades, reconocer lo que el Espíritu va suscitando en ellas y preguntarnos cómo seguir siendo presencia viva, cercana y esperanzadora allí donde la misión nos llama.

Una mañana de discernimiento compartido

La jornada comenzó con un tiempo de trabajo personal, en clima de silencio y oración, para acercarnos nuevamente al documento capitular y dejar que sus preguntas iluminaran nuestra realidad comunitaria.

Luego, compartimos lo reflexionado en grupos, continuando con la metodología de la Conversación en el Espíritu. Este modo de trabajo nos ayudó a escucharnos con profundidad, a acoger la palabra de cada hermana y a descubrir juntas aquellos llamados que van emergiendo en el camino.

Durante la mañana, centramos la reflexión en juzgar, discernir e interpretar nuestra realidad comunitaria, para poder avanzar hacia el momento de actuar y proyectar. La pregunta de fondo fue cómo responder mejor a lo que el Señor nos pide hoy en nuestras fraternidades, en medio de los desafíos concretos de la vida y de la misión.

Mirar nuestras comunidades con esperanza

El trabajo de la mañana nos permitió reconocer que la vida comunitaria no es solo un espacio que habitamos, sino una experiencia llamada a ser signo del Reino.

Nuestras comunidades están invitadas a ser lugares donde se escuche, se cuide, se acompañe y se comparta la vida con sencillez. Casas donde cada hermana pueda sentirse acogida, sostenida y enviada; espacios donde la fraternidad se vuelva gesto concreto, palabra oportuna, mesa compartida y disponibilidad para la misión.

Desde esta mirada, fuimos dejando resonar la llamada a fortalecer comunidades vivas, abiertas y fraternas, capaces de permanecer allí donde la vida clama y de responder con ternura, fidelidad y audacia.


Tarde de Asamblea Capitular

Por la tarde, nos reunimos en Asamblea Capitular para poner en común las resonancias surgidas en los grupos.

Fue un espacio de escucha y discernimiento compartido, donde, entre todas, comenzamos a delinear esos sentires comunes que el Espíritu Santo va inspirando respecto a la vida de nuestras comunidades.

La Asamblea permitió recoger intuiciones, búsquedas y deseos que nacen de la experiencia concreta de cada realidad. También nos ayudó a soñar y proyectar nuestras comunidades como casas grandes y mesas inclusivas, donde se viva el cuidado mutuo y donde cada presencia pueda encontrar lugar.


Casas grandes y mesas inclusivas

La imagen de la casa y de la mesa atravesó la jornada como una invitación profunda.

Ser comunidad es aprender a abrir espacio, a hospedar la vida del otro, a cuidar la fraternidad y a sostener juntas la misión recibida. No se trata solo de vivir bajo un mismo techo, sino de construir relaciones donde la escucha, la confianza, el perdón y la corresponsabilidad hagan posible una comunión cada vez más real.

En este camino capitular, reconocemos que nuestras comunidades están llamadas a ser signo de esperanza: pequeñas semillas de Evangelio en los surcos de la historia, presencia que permanece, cuida y acompaña.


Un corazón comunitario para la misión

Este séptimo día nos deja una certeza: la misión necesita comunidades con corazón disponible, capaces de vivir desde la fraternidad y de salir al encuentro de quienes más necesitan cercanía.

Seguimos caminando como Familia Janeriana, dejándonos conducir por el Espíritu, para que nuestras fraternidades sean cada vez más espacios de vida, comunión y servicio.

Comunidades vivas, casas abiertas y mesas compartidas: un solo corazón para la misión.

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