13 de Julio "Mapa vivo de nuestra realidad"
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En este segundo día del XXVI Capítulo General, religiosas y laicos se detuvieron a contemplar juntos la realidad que comparten.
Fue un tiempo para reconocer luces, desafíos y llamadas a la conversión en la vida y la misión.
A través del diálogo, el discernimiento y la oración, todo fue puesto en manos de Dios.
Con un solo corazón, seguimos buscando cómo servir mejor a Jesús y a su Reino.
Segundo día del XXVI Capítulo General
Mirar la realidad con un solo corazón
Hoy compartimos el segundo día del XXVI Capítulo General, una jornada marcada por la escucha, el discernimiento y la contemplación de la realidad.
Durante la mañana del 13 de julio, religiosas y laicos continuaron juntos el camino de análisis contemplativo. Por la tarde, las hermanas prolongaron este trabajo, buscando reconocer con sinceridad las luces presentes en la vida y la misión, descubrir los desafíos que interpelan y señalar aquellos aspectos que necesitan conversión.
En un primer momento, los participantes trabajaron en grupos para contemplar la realidad de sus propias comunidades y dejarse interpelar por una pregunta central:
¿Qué nos está diciendo hoy la realidad que compartimos?
Este ejercicio permitió reconocer las heridas, las búsquedas y las dificultades que atraviesan nuestros pueblos y comunidades, pero también los signos de esperanza, la entrega cotidiana y la vida que sigue abriéndose camino en tantos lugares donde la Familia Janeriana está presente.
Más tarde, en sesión plenaria, se desarrolló la dinámica “Mapa vivo de nuestra realidad”. Las diferentes experiencias, miradas y contextos fueron tomando forma en un mapa común, expresión de una familia diversa, extendida en distintos países, pero unida por una misma llamada y una misma misión.
La propuesta no consistió solamente en observar o describir la realidad. La invitación fue a mirarla con profundidad, a escuchar con el corazón y a permitir que lo contemplado tocara la vida de cada participante.
Contemplar la realidad también supone preguntarnos qué necesita ser transformado en nosotros para que nuestra vida, nuestro servicio y nuestra misión estén verdaderamente al servicio de Jesús y de su Reino.
En este camino, la vida de Madre Ana María Janer vuelve a iluminarnos. Como ella, queremos aprender a reconocer la presencia de Dios en las necesidades concretas de cada tiempo y responder con una caridad atenta, valiente y comprometida.
La mañana concluyó con un profundo momento de oración. Todo lo contemplado fue puesto en manos de Dios: los rostros, las inquietudes, los desafíos, las luces y las esperanzas de nuestras comunidades.
Así, el discernimiento se convirtió también en ofrenda, confianza y disponibilidad para dejar que el Espíritu siga obrando.
Continuamos este camino con los ojos abiertos, el corazón disponible y el deseo de avanzar juntos hacia una misión cada vez más fiel, fraterna y cercana a quienes más necesitan cuidado y esperanza.
Un solo corazón, atento a la realidad y dispuesto a servir allí donde la vida más nos necesita.


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